De Locos y Piedras

Tanto tiempo con deseos de hablar y sin poder hacerlo! Hay tantos y tan diversos temas nacionales (el salami y el pollo; Miguel e Hipólito), muchos otros personales y espirituales, pero tomaré unos breves minutos para referirme a lo que viví esta mañana cuando me dirigía la oficina.

Mientras mi carro salía de la Rotanda en San Pedro de Macorís y se encaminaba al puente, puede presenciar a uno de los locos macorisanos que, piedra en mano (3 grandes piedras para ser exacto) amenazaba a los conductores y peatones. No puedo describirles el frío que de pronto sentí. A unos 30 metros, sentado en una pared justo al lado de su destacamento, un  policía veía abstraído el tránsito sin prestar atención a lo que pasaba. Entonces pensé: «¿Y si este loco me apedrea? ¿Y si apedrea a otra persona y provoca un accidente fatal aquí?».

"¿Y si este loco me apedrea?"

«¿Y si este loco me apedrea?»

Vivimos en un país desorientado, carente de tantas y tan importantes cosas (inversión constitucional en educación, metales en los puentes y lugares públicos, dinero para hacer un locrio de pollo, y ni hablemos del salami), los locos y sus piedras son lo menos importante, aunque sin duda alguna una muestra de la falta de controles básicos en general.

Digamos que este loco hubiese provocado un accidente: apedrea un vehículo, rompe el cristal, impacta al conductor, este se sale del camino, golpea algunos peatones, rompe alguno de los muros del puente y termina su marcha en el río o sobre una de las casas que se encuentran debajo del puente. Un saldo de varios muertos, otros heridos, daños a la propiedad pública y privada por varios cientos de miles de pesos, y nadie a quien hacer responsable. Las aseguradoras no cubren ese tipo de daños, las familias de los afectados no tienen a quien demandar por justicia penal ni civil. El loco en cuestión queda en poco tiempo libre, listo para volver a la irracional faena de andar en el medio de la calle y querer agredir a los conductores que se le acercan.

Me pregunto: ¿no sería más fácil si alguna autoridad decidiera internar a este individuo y darle los cuidados necesarios antes de que provoque más daño del que ya ha hecho y del que le queda por hacer? ¿No podrían los oficiales de policía disponer de pistolas TASER  para tranquilizar a este loco o a cualquier otro ciudadano en situaciones similares?

Pistola TASER

«¿No podrían los oficiales de policía disponer de pistolaa TASER?»

Una pistola TASER cuesta apenas unos USD 430.00 y los «cargadores» otros USD 30.00, mucho menos que el costo de un arma letal, y mucho menos que el costo del cuadro hipotético que antes describí. ¿Alguno de ustedes conoce algún funcionario público que pueda ayudar a promover esto? Quizás alguien que se sienta interesado en traer pistolas TASER para la Policía Nacional y quien sabe si hasta al público general (con licencia y permiso como las demás armas). Imagínense: abrir un san de pistolas, para que los pobres puedan acceder a ellas!

¿CUÁNTO VALE UN LÍDER?

Este es otro excelente artículo de Andrés L. Mateo; los dominicanos todos deberíamos reflexionar en el contenido tan cierto de este escrito: «¿Cuánto vale un líder?». 

Andrés L. Mateo

Andrés L. Mateo

Escrito por Andrés L. Mateo en Hoy.com

Joaquín Balaguer se murió creyendo que él ganaba tres mil pesos, y salvo su desmedida pasión por el poder, todo en él fue frugal. Juan Bosch tenía fama de tacaño, pero con los cuartos del pueblo era intransigente. Abría un monedero de plástico color rojo, de esos que le decían «totico», y otorgaba una ayuda de su propio peculio.

Nunca nadie le vio más de cincuenta pesos en el «totico», de manera que esas ayudas personales eran siempre modestas, como la muy célebre que le dio al escritor Ramón Lacay Polanco a la salida de la catedral de Santo Domingo, y que provocó la expresión ya famosa de «!Juan! ¿cinco pesos? ¡Barbarazo, Juan, barbarazo! José Francisco Peña Gómez era un ventarrón, siempre andaba de prisa y nunca tenía un centavo en los bolsillos. Para salir de apuros, si alguien le pedía dinero para pagar una receta, miraba a su alrededor y le daba un sablazo al que estuviera más cerca. Luego se iba como un bólido, moviendo los brazos con su estilo único, hablando en voz alta y sonriendo con la mirada de niño inocente que siempre tuvo.

Ese fue un liderazgo histórico de costo muy bajo. Más que en el dinero, se empinaban en la pasión por el poder (Balaguer), en la idea más pura del bien común (Bosch), o en el sudario del redentor que mira su propia vida con un propósito liberador de las multitudes (Peña Gómez). Ninguno dejó fortuna, ninguno legó una riqueza material obscena. Ninguno fue proclive al dinero.

¿Pero cuánto vale un «líder» hoy?

¿Qué costo social tienen esos turpenes que hacen rebotar del presupuesto la pelota de su egoísmo?

¿Por cuánto nos salen «El querido», «Putico» y el «Chato»?

¿Se puede medir en valores lo que nos cuestan Andrés Vanderhorst, González Espinosa, Wessin Chávez, Peña Guaba y otros «emergentes» que le dan bien duro con un palo a la piñata del Estado?

¿Euclides Gutiérrez Féliz, con todo y sus palacios campestres, no nos cuesta «los millones de chanflán»?

¿A cuánto asciende el costo de Reynaldo Pared Pérez, «el ejemplar»; con su residencia veraniega en «Los mogotes» y su barrilito?

¿Y Lila Alburquerque, la que «no coge corte», cuánto nos cuesta?

¿Puede un Estado pobre cargar con la voracidad de Rodríguez Pimentel o Matos Berrido?

¿Acaso Bengoa no devenga un salario que equivale a la asignación de un hospital regional?

¿Y N. G Cortiñas no es uno y trino, porque cobra en varios Consejos de Directores, y gana una verdadera fortuna?

¿Quién arrima el hombro para saber el valor que la sociedad tiene que invertir para mantener un «líder» de la estatura de Carlos Morales Troncoso? (más manteca da un ladrillo).

La reingeniería de la política dominicana debería cuestionarse cuánto nos cuestan los «líderes» que nos gobiernan, incluyendo a los de la oposición; porque a estas alturas todos tenemos derecho a preguntarnos si en realidad los políticos son verdaderamente necesarios, y si sirven para algo que no sea enriquecerse .

Nuestros «líderes» han perdido la introspección, y se han abandonado al disfrute del lujo y la riqueza. ¿No fue el puro gestuario de la ostentación lo que lleva a una antigua humilde maestra a comprar dos carteras Vuitton en ciento noventa y cinco mil pesos? Hace apenas unos años bregaba en las aulas, discutía por secciones en la UASD, y ahora ofende la pobreza solemne de este país con la ostentación más burda y descarada.

Cuando Juan Bosch salió del gobierno, producto del golpe de Estado de 1963, dejó una cuenta bancaria de ciento cuatro pesos con cuatro centavos. El periodista Al Burt, del Miami Herald, publicó un artículo que tituló «El legado del honrado Juan», apenas cinco días después del golpe. «Deja el cargo con las manos tan limpias como vacías», proclamaba Al Burt. Y se cuestionaba si «el legado del honrado Juan habrá abandonado el país junto con él».

Y así fue. La locura del modelo de honradez que enarboló con su ejemplo, era como llevar el ideal al extremo y ser tragado por él. Los políticos más caros del mundo han olvidado al «honrado Juan», quien es tan solo esa voz que los despierta sobresaltados, y que los hace ir al espejo a ver el rostro con que viven.

¡Oh, Dios!

Andrés L. Mateo

«Hackeando el Hackeo, y Cero Mata Cero»

Hace unos pocos días despertamos ante las noticias de que los correos electrónicos de algunos funcionarios públicos habían sido «hackeados». Toda la prensa nacional se hizo eco del asunto. Luego se allanaron las casas y las oficinas de un periodista de quien se sospechaba provenía el «hackeo», al parecer por ciertas publicaciones en su diario digital, informaciones que no pudo haber obtenido a menos que no fuera por infiltrarse de alguna manera en las cuentas de los encumbrados. Entonces se habló de persecución a los autores del «hackeo» y del delito digital, y de las penas y castigos posibles.

Cero mata cero, se acabó el hackeo!

Hoy las cosas han cambiado. Del «hackeo» no oiremos más, ni habrán sometimientos de ningún tipo por «hackeo». Un periodista del norte del país dice tener «pruebas» de que la candidata vice presidencial del partido de gobierno posee una cuenta en un banco extranjero con más de 2,000 millones de pesos, «pruebas» que muy probablemente obtuvo de manos del mismo «hacker». En ese momento el «hackeo» desapareció. Como una larva maldita, en un oscuro y sucio capullo, que en una película de horror se transforma en un ser horripilante, de igual forma el «hackeo» y el delito digital pasó a llamarse «campaña sucia». Ya no puede llamarse «hackeo», pues se autenticaría la información que se ha infiltrado. «Campaña sucia» suena mejor para todos, los oficialistas y los opositores.

Mientras, como era de esperarse, nadie quiere investigar nada, nadie quiere saber por seguro, todos prefieren pararse y murmurar al lado del camino de la justicia y la verdad en lugar de transitarlo. Todos permaneceremos impasibles e indolentes, y seremos movidos por los hilos que ostentan el poder, sean estos provenientes de un «hacker» o de un difamador. No habrá castigo para nadie: ni para los «hackers» (que de seguro los hay, pues ya ha sido comprobado que cierta información en contra de la candidata fue servida por alguien que usó el servidor del mismo partido oficial, donde se alojaba nada más y nada menos que la página oficial del candidato presidencial del mismo partido oficialista), pero tampoco habrá castigo para los difamadores. Como una excelente ecuación matemática, cero mata cero, y que viva la impunidad.

Juan Pablo Duarte – El Juramento Trinitario

Juramento Trinitario

Los Trinitarios

Los Trinitarios (fuente Wikipedia.org)

En el nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano e implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá su pabellón tricolor en cuartos, encarnados y azules, atravesados con una cruz blanca. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales:

Dios, Patria y Libertad. 

Asi lo prometo ante Dios y el mundo. Si tal hago, Dios me proteja: y de no, me lo tome en cuenta, y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo

Las sociedades se parecen a sus “dioses” – primera parte

Al observar el desarrollo de la religión en sus diferentes formas, desde los primitivos dioses tribales, familiares o personales, pasando por los sofisticados dioses de la mitología griega y las diferentes manifestaciones espirituales de sistemas como el budismo, el taoísmo o el confucionismo, hasta llegar a las expresiones de fe contemporáneas, siempre la creencia de la sociedad acerca de lo divino a marcado pauta para establecer los más altos estándares de vida piadosa y de moral.

Los "filodioses" orientales

El concepto de la divinidad en cada sociedad se convierte en el estándar más alto, por lo que la idea de agradar o satisfacer a esa divinidad mueve a los individuos a adoptar una forma de vida, un sistema de creencias e ideas, que procuran agenciarle la benevolencia de dicha divinidad. Esto es así desde el animismo hasta el secularismo, y no es menos cierto entre los que profesamos alguna forma de teísmo.

Después de siglos de lucha en procura de erradicar el concepto de Dios, la sociedad occidental ha cambiado su enfoque: abrumada por cada vez más abundantes evidencias de que el equilibrio en el universo para dar vida a un insignificante planeta como el nuestro no puede ser consecuencia del azar, hoy acepta y aupa la espiritualidad como de cierto valor, y sus efectos como beneficiosos. Sin embargo, este regreso a la espiritualidad en occidente se ha hecho sobre las bases del secularismo más puro, por lo que los nuevos (y a la vez viejos) conceptos espirituales y sus esfuerzos tienen hoy al hombre y la naturaleza como el centro mismo de todo sistema espiritual.

Debido a lo anterior, el hombre no ha procurado encontrar en Dios respuesta al porqué de su existencia, más bien a definido a Dios en función de sus propias limitaciones y necesidades, y de cómo este Dios puede ayudarle a satisfacerlas. Dios ha pasado de ser Señor a ser siervo, recadero de los hombres.

El efecto ha sido devastador. Si bien es cierto hemos logrado avances significativos en salud, tecnología, comunicación y otras ramas de la ciencia y procuramos con ello mejorar nuestra calidad y expectativa de vida, la espiritualidad centrada en el hombre ha provocado crisis, violencia, desilusión, frustración y desesperanza. Es triste leer de los actos cada vez más descontrolados que realiza el ser humano bajo el pretexto de que defiende sus ideas o persigue lograr sus sueños. Países inventan mentiras para iniciar guerras con otros países tan sólo por los recursos que puede obtener el primero avasallando al segundo; grupos étnicos tratan de borrar de la faz de la Tierra a cualquier otra etnia rival (sea esto por raza, costumbres o por creencias religiosas); el vándalo y atracador arrastra a la mujer indefensa que sea aferra a su cartera procurando evitar perder de los pocos recursos con los que cuenta; el hombre le arranca la vida a la mujer en defensa de su «honor mancillado». La lista no tiene fin. Cada uno encuentra en su pensamiento auto-centrado razones válidas para hacer como le place, pues el Estado (que viene a ser el divino rector) es tan corrupto y violento como el individuo mismo e incluso más.

Si continuara el hombre siendo el centro de lo divino, lo que nos espera no es más que el caos y la anarquía.

Vladimir Aquino Gatón

«… para satisfacer y superar los requisitos de nuestros clientes»

No sé cuantas veces he leído la frase anterior (o una similar) en las declaraciones de propósito (visión, misión, política de calidad) de diferentes instituciones y siempre he cuestionado el significado de esta expresión. ¿Cuáles son las expectativas del cliente que podemos y/o queremos superar? ¿Es eso posible realmente?

No es desconocido para nadie la definición más simple de Calidad: grado de satisfacción de las necesidades del cliente. John Guaspari no pudo expresarlo mejor en su libro «Erase una vez una fábrica, una fábula sobre la calidad», aun aquellos que no saben los detalles técnicos de un producto o servicio al adquirirlo, reconocen la Calidad cuando la ven. Como clientes que somos todos estamos familiarizados con el concepto, pero también con las características principales que nos hacen reconocer la calidad en un artículo: funcionalidad, precio, y belleza, muy probablemente en ese mismo orden.

Cliente Satisfecho

"La reconozco cuando la veo"

Ahora traduzcamos esto a términos empresariales: en nuestras organizaciones, nuestros clientes esperan que cumplamos sus requerimientos en cuanto a funcionalidad (propósito), costo y apariencia (cosmético). Cualquier cambio en el balance de esta ecuación afecta el resultado que se espera: un cliente satisfecho.

No es posible entonces «superar» los requerimientos o expectativas de nuestros clientes, a menos que no hablemos de costos simplemente. No podemos, no tenemos la autoridad para modificar los requerimientos del cliente. Cualquier cambio, aun aquellos que puedan impactar el costo (nuevo material, nuevas máquinas, etc.) deben ser aprobados por el cliente, por lo tanto esto no es superar el requisito, es cambiar uno por otro. Recientemente un estudiante me presentó otro caso: «¿Qué tal si el cliente espera que le entregue una orden en una fecha y yo se la entrego mucho antes?», a lo que le respondí con una caso vivido por mi recientemente, cuando un cliente decidió levantar una solicitud de acción correctiva precisamente porque entregamos una orden UNA SEMANA ANTES. En el siglo 21, los conceptos de Justo a Tiempo (como parte de la Manufactura Esbelta, o Lean Manufacturing) nos indican que los clientes no quieren más producto más pronto, quieren lo que ordenaron a tiempo.

¿Porqué insistir en esto? Es que cuando pensamos que podemos sobrepasar las expectativas del cliente literalmente, nos enfocamos mal. Sacamos al cliente del proceso de cambio y lo hacemos parte tan sólo del resultado, sin darnos cuenta que esto pudiera ser una lotería, puedo o no decidir aprobar los cambios. Sin embargo, cuando nuestros clientes se transforman en asociados, y son parte de nuestro Sistema de Gestión de Calidad, entonces ellos son parte integral del proceso de cambio. De esta forma, ya no hay más posibilidad de criticar al cliente por «rechazar lo que nos ha costado tanto esfuerzo». Ya nadie siente tener la autoridad para cambiar las cosas sin antes contar con la debida aprobación del cliente. Todos podemos sugerir y ser parte del cambio, pero alguien debe tener la autoridad de decidir. Ese es el cliente.

Dones de Señales en el Nuevo Testamento

«Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo. Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.  Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis! La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue» (Mateo 16.1-4)

Los judíos sentían una necesidad patológica por las evidencias y las señales. Desde el principio de su historia, Israel disfrutó de las más variadas señales, los más sensacionales prodigios: mares abiertos, columnas de nube y fuego, señales en la tierra y en el cielo, portento tras portento Dios manifestaba su favor para con el pueblo escogido. Sin embargo, el sobre énfasis en estas cosas les impidió reconocer las obras y tratos del Señor. Se hicieron a sí mismos incrédulos y demandaron señales por falta de fe, no como comprobación de cual fuera la buena voluntad de Dios. El Señor Jesucristo les mostró milagros y señales como nunca antes se habían hecho, pero la gran mayoría no le creyó y le mataron (Hechos 2.22).

Pablo es milagrosamente liberado de la cárcel en Filipos

Es precisamente por esto que los dones de señales jugaron un papel importante en el inicio de la fe cristiana. Es realmente llamativo que la vasta mayoría de los prodigios y señales fueron hechos por los discípulos ENTRE los judíos y no entre los gentiles (Hechos 5.12; 6.8; 8.6; 8.13), pues es a partir de ellos precisamente de quienes se expandiría el reino de Dios a todas las naciones.

Como si fuesen parte de una campaña publicitaria, los dones carismáticos o espectaculares atrajeron a las muchedumbres a escuchar el mensaje apostólico (Hechos 5.12-16) y sirvieron como confirmación del mensaje y del señorío de Cristo.

Estos dones se suscribían a los siguientes:

A. Lengua e interpretación de lenguas

B. Milagros

C. Sanidades

D. Discernimiento de Espíritu

De estos, los dones de lengua son los más abusados. Muchos hoy en día, mal interpretando las declaraciones del apóstol Pablo en 2 Corintios 12.1-4, procuran hablar lo que Pablo dijo que no podíamos hacer: hablar el lenguaje del tercer cielo! Como el mismo Pablo plantea en 1 Corintios 14, este abuso lo que persigue no es la gloria de Dios ni la edificación de los santos, más bien es la auto complacencia.

La primera mención de los dones de lengua nos enseñan que su propósito iba más allá de llamar la atención: eran herramientas efectivas en la proclamación del mensaje apostólico. En Hechos 2.1-13 se nos resume como sigue:

* Llamaban la atención

* Comunicaban las «maravillas de Dios»

* En el lenguaje común de los oyentes!

Es precisamente por esto que posteriormente cuando los Corintios, fascinados por la notoriedad de los dones carismáticos, llevaron el hablar en lenguas extrañas al culto mismo fue necesario incluir como bastón al don de interpretación de lenguas (1 Corintios 14.5). Así, pues, se buscaba preservar la idea de comunicar el mensaje para edificación de los oyentes y no la simple glorificación personal (ibid. 14.1-4).

En cuanto a los milagros, la idea que estos transmitían era la de actos de naturaleza superior a la humana pero hechos por humanos, los apóstoles. Como en el caso anterior, veamos un ejemplo entre los tantos mencionados en el libro de Hechos de los Apóstoles: el caso de Ananías y Safira (Hechos 5.1-11).

Estos dos pecaron al pretender encontrar reconocimiento público, pues al vender una propiedad quisieron congraciarse con los apóstoles, o mostrar falsa piedad, por lo que trajeron una parte de lo obtenido en la venta como ofrenda a la causa. El problema planteado aquí es que ellos mintieron al decir que habían traído todo el valor de la venta. Pedro les recuerda que la herencia les pertenecía, y que por lo mismo eran libres de hacer con ella lo que quisieran. Ambos murieron por mentir al Espíritu Santo. Esta muerte sobrenatural, sostenida simplemente en las palabras de Pedro (vs. 3-5, 7-10), produjo un impacto espiritual en aquellos que presenciaron este hecho o que llegaron a saberlo:

«Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas» (vs. 11)

Cada hecho sobrenatural, cada milagro, se ocupaba del mismo fin: edificar a la iglesia en ciernes, a los hermanos. Como Pedro, también Esteban (6.8), Felipe (8.6, 7), Bernabé, Pablo (14.3; 15.12), y muchos otros manifestaron en sus ministerios milagros y portentos para llamar la atención de los demás a las Santas Palabras que narra el Evangelio.

Los dones de sanidad, en el mismo orden, no procuraban en sí la simple sanidad física, pero más bien la espiritual. Es importante observar que nunca los apóstoles ni los discípulos persiguieron los milagros ni las sanidades, como tampoco lo hizo el Señor Jesucristo. En lugar de ir a los hospitales, hospicios y orfanatos, o en lugar de hacer «campañas de sanidad» e invitar a todos los enfermos, los discípulos realizaban estas sanidades y milagros según se les presentaba. Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo llega a Filipos acompañado de Lucas y Silas, y quizás de otros, una joven con espíritu de adivinación les persigue donde quiera que van (Hechos 16.16, 17). Pablo, luego de llegar al colmo, reprende al espíritu demonio y libera a la joven de su carga. Pablo no llegó a Filipos diciendo: «Traed a todos los endemoniados y enfermos, y veréis como son sanados!». Ni siquiera libera a la joven a la primera, es cuando el accionar de esa joven entorpece el ministerio que Pablo trae liberación a su vida. De nuevo, dones carismáticos pero con propósito.

Mis Divinas Decisiones – Congreso JBC 2011

Haz "Click" en la imagen para descargar las diapositivas. Necesitarás Acrobat Reader

Aquí les dejo las diapositivas del taller «Mis Divinas Decisiones», que compartimos el pasado Sábado 22 de Abril del 2011 en el Congreso Nacional JBC 2011 «En tu vida ¿Quién decide?«. Gracias a todos los que asistieron y compartieron con nosotros sus impresiones, y gracias a todos aquellos que expresaron las bendiciones que este taller significó para sus vidas.

En resumen, esta taller demuestra el porqué es necesario contar con Dios ante cada decisión de nuestras vidas. No hay decisión tan pequeña o tan insignificante como para que el creado no entienda lo que el Creador quiere. Sentir lo que Dios siente, escuchar lo que dice y hacer lo que hace u ordena hacer son la clave para tomar decisiones divinas en nuestras vidas.

Espero sea de bendición nuevamente.

Vladimir

Daily Drucker- April 15: Decisiones Acerca de la Gente

Decisiones Acerca de la Gente

Ninguna organización es mejor que la gente que la compone

Las decisiones acerca de la gente son el útimo – quizás el único – control de una organización. La gente contratada es la determina la capacidad de desempeño de su organización. Ninguna organización es mejor que la gente que la compone. El rendimiento del recurso humano realmente determina el desempeño de la organización. Y esto es así basado en las decisiones simples que toma acerca de la gente: a quién contratamos y a quién despedimos, dónde colocamos a las personas, y a cuáles promovemos. La calidad de estas decisiones humanas determina grandemente si la organización es manejada correctamente, si su misión, sus valores y sus objetivos son reales y significativos para la gente, no tan sólo relaciones públicas y retórica.

Cualquier ejecutivo que parte del supuesto de creer que él o ella es bueno juzgando a las personas habrá de terminar tomando las peores decisiones. Ser bueno juzgando a las personas no es un poder dado a los simples mortales. Aquellos que se destacan en este campo suelen reconocer de primero: que no son jueces de personas.

Courtesy of interestingevan.files.wordpress.com

Ellos inician con el compromiso de diagnosticar procesos. Los educadores médicos dicen que el problema más grave es el de el joven doctor que tiene buen ojo para diagnosticar, pues él necesita aprender a no depender en esto tan sólo, pero más bien a analizar a sus pacientes mediante el proceso diagnóstico; de otra manera muchos de sus pacientes morirán. De la misma manera, un ejecutivo también debe aprender a no depender de su intuición y conocimiento de la gente pero más bien unir a esto el mundano, aburrido y concienzudo proceso paso-a-paso.

Punto de Acción: No contrates a las personas sobre la base de tus instintos. Ten más bien un proceso para investigar y probar a fondo a los solicitantes.
Managing the Non-Profit Organization, de Peter Drucker (traducción y adaptación personal)