Espiritualmente Incoherentes

No crees en mi Jesús como Dios y Salvador, más bien le ves como una opción más dentro del espectro de los grandes filósofos, filántropos y filólogos de la historia. No valoras Su Palabra como divinamente inspirada, más bien la consideras como un manojo de inexactitudes y anacronismos, en el mejor de los casos con cierto valor cultural y de formación humana. No crees que necesitas ser salvado, perdonado, restaurado, como creo necesitamos todos los nacidos de mujer. Tienes tu propia interpretación e idea de Dios, eres “espiritual” pero no creyente y mucho menos cristiano… Entonces, si no procuro imponerte lo que creo, lo que firmemente entiendo es la verdad (en singular), por qué quieres ridiculizarme por no aceptar tus ideas? Por qué puedes llamarme “intolerante” y yo no puedo decirte que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” ‭‭(Romanos‬ ‭3:23-24‬; RVR1960)? Por qué si mi fe no te sirve para vivir diferente sí debe servirte para apoyarte a ti en tu forma de vivir? Al final quieres que el Dios en quien no crees te vindique, que la Santa Palabra que desdeñas te bendiga y celebre tus logros, y que la fe que no te interesa para salvación eterna  te haga sentir bien… No te parece incoherente? No crees que al final estás sólo buscando la aprobación del Dios que rechazas, pensando que de verdad puedes imponer tu juicio y tus normas delante de Él? Recuerda esto:

“Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así?”

‭‭Romanos‬ ‭9:20‬ ‭RVR1960‬‬

Las sociedades se parecen a sus “dioses” – segunda parte

La Apuesta de Pascal

Blaise Pascal

Blaise Pascal (www.solersantias.com)

Blaise Pascal fue un matemático, físico y filósofo católico, de origen francés (1623-1662). Precoz y prodigio como fue, desde su infancia incursionó en reflexiones que probablemente pocos adultos de nuestro tiempo considerarían. Una de estas nos llega después de su muerte, como parte de la obra “Pensées” (Pensamientos), y es la que hoy se conoce como La Apuesta de Pascal (Pascal’s Wager o Pascal’s Gambit). En ella trata de responder con la agudeza de la reflexión lógica las inquietudes acerca de la existencia de Dios y el beneficio de creer en el Creador o no. Trataré de no aburrir al lector muy avezado en estos temas, ni tampoco ahuyentar a quien por primera vez se interesa en este asunto.

La Apuesta de Pascal considera la necesidad de elegir entre dos ideas posibles: Dios, el Creador, existe o no, pero tomando en cuenta el resultado de cualquiera sea la elección. Como si fuera un eje cartesiano, Pascal esboza sus ideas y el resultado es una tabla como la que se muestra más abajo (quienes quieran leer la propuesta completa pueden visitar este enlace en Wikipedia en inglés):

Dios existe (Dios) Dios no existe (¬Dios)
Creer en Dios (Creer) + ∞ (CIELO) – N (NADA)
No creer en Dios (¬Creer) − N (NO-CIELO: LIMBO, PURGATORIO, NADA)− ∞ (NO-CIELO: INFIERNO) + N (NADA)

En resumen, lo que plantea Pascal es lo siguiente: supón que ante la hipótesis planteada debes apostar tu eternidad. Si apuestas a la existencia de Dios y como resultado a esto te comprometes con servirle en el presente en espera de Sus divinas y eternas recompensas, dos resultados son posibles: si Dios no existe, entonces no tendrás la recompensa que esperas y tu eternidad se convierte en algo vacío, pues la eternidad emana de Dios y si no hay Dios, no hay eternidad; por el contrario, si Dios existe entonces recibes los galardones que ofrece como recompensa a tu fe y a tu espera. En ambos casos, la inversión de tu apuesta ha sido vivir de la manera más correcta en el presente, absteniéndote de aquellas cosas desagradables a Dios, y sufriendo por tu deseo de no abandonar alguna de esas cosas que sabes son desaprobadas por Dios, pero que son objeto de tu deseo. Por otro lado, si tu apuesta es a la no existencia de Dios, entonces no hay razones para preocuparse por una inversión de sacrificios ni esfuerzos en el presente. Vives como te place, no te abstienes de nada. De igual manera que en la otra apuesta, dos resultados son posibles: Dios no existe, y con esa ausencia de Dios también se va la necesidad de una eternidad. Simplemente desapareces, ya no eres más. Pero el otro resultado posible es que Dios exista, y que sus reclamos de obediencia te alcancen en la eternidad, y que sufras pena de castigo eterno. ¿Qué apostarías tú? Evidentemente, en la reflexión de Pascal, la apuesta más segura es la de creer en Dios y obedecerle en el presente, pues no hay nada que perder realmente en dicha inversión: una vida de probidad moral, de perseguir los más altos ideales simplemente ennoblece, y al final como resultado te llevas la eterna herencia de gozo, quietud y paz que ofrece ese Dios de las Escrituras cristianas.

Argumentos como este y otros tantos (como el argumento kalam, el argumento ontológico, el argumento teleológico, entre otros) han sido esgrimidos durante años en procura de probar la existencia de Dios, pero no fueron suficientes para convencer una sociedad cada vez más secularista. Mientras Nietzche afirmaba la principal máxima del secularismo: “Dios ha muerto” (la frase completa es “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros le hemos matado”), el astrónomo Carl Sagan resume las ideas de Baruch Espinoza y Albert Einstein al afirmar que “Dios es las leyes que rigen el universo” (los interesados en más detalles pueden encontrar la conferencia de Sagan “La Hipótesis de Dios”, dictada en 1985, en scribd.com). Con ambas afirmaciones al final se concluye en que Dios no puede ser el modelo para juzgar ni establecer la base de la conducta y la moral, pues ha muerto, y por lo tanto no tenemos que prestar respeto ni atención a ninguna otra cosa que no fuere la naturaleza.

El post se alarga, pues mi pensamientos en relación a este asunto son muchos… Es tiempo de parar, luego continuamos.

Vladimir Aquino Gatón


Las sociedades se parecen a sus “dioses” – primera parte

Al observar el desarrollo de la religión en sus diferentes formas, desde los primitivos dioses tribales, familiares o personales, pasando por los sofisticados dioses de la mitología griega y las diferentes manifestaciones espirituales de sistemas como el budismo, el taoísmo o el confucionismo, hasta llegar a las expresiones de fe contemporáneas, siempre la creencia de la sociedad acerca de lo divino a marcado pauta para establecer los más altos estándares de vida piadosa y de moral.

Los "filodioses" orientales

El concepto de la divinidad en cada sociedad se convierte en el estándar más alto, por lo que la idea de agradar o satisfacer a esa divinidad mueve a los individuos a adoptar una forma de vida, un sistema de creencias e ideas, que procuran agenciarle la benevolencia de dicha divinidad. Esto es así desde el animismo hasta el secularismo, y no es menos cierto entre los que profesamos alguna forma de teísmo.

Después de siglos de lucha en procura de erradicar el concepto de Dios, la sociedad occidental ha cambiado su enfoque: abrumada por cada vez más abundantes evidencias de que el equilibrio en el universo para dar vida a un insignificante planeta como el nuestro no puede ser consecuencia del azar, hoy acepta y aupa la espiritualidad como de cierto valor, y sus efectos como beneficiosos. Sin embargo, este regreso a la espiritualidad en occidente se ha hecho sobre las bases del secularismo más puro, por lo que los nuevos (y a la vez viejos) conceptos espirituales y sus esfuerzos tienen hoy al hombre y la naturaleza como el centro mismo de todo sistema espiritual.

Debido a lo anterior, el hombre no ha procurado encontrar en Dios respuesta al porqué de su existencia, más bien a definido a Dios en función de sus propias limitaciones y necesidades, y de cómo este Dios puede ayudarle a satisfacerlas. Dios ha pasado de ser Señor a ser siervo, recadero de los hombres.

El efecto ha sido devastador. Si bien es cierto hemos logrado avances significativos en salud, tecnología, comunicación y otras ramas de la ciencia y procuramos con ello mejorar nuestra calidad y expectativa de vida, la espiritualidad centrada en el hombre ha provocado crisis, violencia, desilusión, frustración y desesperanza. Es triste leer de los actos cada vez más descontrolados que realiza el ser humano bajo el pretexto de que defiende sus ideas o persigue lograr sus sueños. Países inventan mentiras para iniciar guerras con otros países tan sólo por los recursos que puede obtener el primero avasallando al segundo; grupos étnicos tratan de borrar de la faz de la Tierra a cualquier otra etnia rival (sea esto por raza, costumbres o por creencias religiosas); el vándalo y atracador arrastra a la mujer indefensa que sea aferra a su cartera procurando evitar perder de los pocos recursos con los que cuenta; el hombre le arranca la vida a la mujer en defensa de su “honor mancillado”. La lista no tiene fin. Cada uno encuentra en su pensamiento auto-centrado razones válidas para hacer como le place, pues el Estado (que viene a ser el divino rector) es tan corrupto y violento como el individuo mismo e incluso más.

Si continuara el hombre siendo el centro de lo divino, lo que nos espera no es más que el caos y la anarquía.

Vladimir Aquino Gatón