De Locos y Piedras

Tanto tiempo con deseos de hablar y sin poder hacerlo! Hay tantos y tan diversos temas nacionales (el salami y el pollo; Miguel e Hipólito), muchos otros personales y espirituales, pero tomaré unos breves minutos para referirme a lo que viví esta mañana cuando me dirigía la oficina.

Mientras mi carro salía de la Rotanda en San Pedro de Macorís y se encaminaba al puente, puede presenciar a uno de los locos macorisanos que, piedra en mano (3 grandes piedras para ser exacto) amenazaba a los conductores y peatones. No puedo describirles el frío que de pronto sentí. A unos 30 metros, sentado en una pared justo al lado de su destacamento, un  policía veía abstraído el tránsito sin prestar atención a lo que pasaba. Entonces pensé: “¿Y si este loco me apedrea? ¿Y si apedrea a otra persona y provoca un accidente fatal aquí?”.

"¿Y si este loco me apedrea?"

“¿Y si este loco me apedrea?”

Vivimos en un país desorientado, carente de tantas y tan importantes cosas (inversión constitucional en educación, metales en los puentes y lugares públicos, dinero para hacer un locrio de pollo, y ni hablemos del salami), los locos y sus piedras son lo menos importante, aunque sin duda alguna una muestra de la falta de controles básicos en general.

Digamos que este loco hubiese provocado un accidente: apedrea un vehículo, rompe el cristal, impacta al conductor, este se sale del camino, golpea algunos peatones, rompe alguno de los muros del puente y termina su marcha en el río o sobre una de las casas que se encuentran debajo del puente. Un saldo de varios muertos, otros heridos, daños a la propiedad pública y privada por varios cientos de miles de pesos, y nadie a quien hacer responsable. Las aseguradoras no cubren ese tipo de daños, las familias de los afectados no tienen a quien demandar por justicia penal ni civil. El loco en cuestión queda en poco tiempo libre, listo para volver a la irracional faena de andar en el medio de la calle y querer agredir a los conductores que se le acercan.

Me pregunto: ¿no sería más fácil si alguna autoridad decidiera internar a este individuo y darle los cuidados necesarios antes de que provoque más daño del que ya ha hecho y del que le queda por hacer? ¿No podrían los oficiales de policía disponer de pistolas TASER  para tranquilizar a este loco o a cualquier otro ciudadano en situaciones similares?

Pistola TASER

“¿No podrían los oficiales de policía disponer de pistolaa TASER?”

Una pistola TASER cuesta apenas unos USD 430.00 y los “cargadores” otros USD 30.00, mucho menos que el costo de un arma letal, y mucho menos que el costo del cuadro hipotético que antes describí. ¿Alguno de ustedes conoce algún funcionario público que pueda ayudar a promover esto? Quizás alguien que se sienta interesado en traer pistolas TASER para la Policía Nacional y quien sabe si hasta al público general (con licencia y permiso como las demás armas). Imagínense: abrir un san de pistolas, para que los pobres puedan acceder a ellas!