Las sociedades se parecen a sus “dioses” – segunda parte

La Apuesta de Pascal

Blaise Pascal

Blaise Pascal (www.solersantias.com)

Blaise Pascal fue un matemático, físico y filósofo católico, de origen francés (1623-1662). Precoz y prodigio como fue, desde su infancia incursionó en reflexiones que probablemente pocos adultos de nuestro tiempo considerarían. Una de estas nos llega después de su muerte, como parte de la obra “Pensées” (Pensamientos), y es la que hoy se conoce como La Apuesta de Pascal (Pascal’s Wager o Pascal’s Gambit). En ella trata de responder con la agudeza de la reflexión lógica las inquietudes acerca de la existencia de Dios y el beneficio de creer en el Creador o no. Trataré de no aburrir al lector muy avezado en estos temas, ni tampoco ahuyentar a quien por primera vez se interesa en este asunto.

La Apuesta de Pascal considera la necesidad de elegir entre dos ideas posibles: Dios, el Creador, existe o no, pero tomando en cuenta el resultado de cualquiera sea la elección. Como si fuera un eje cartesiano, Pascal esboza sus ideas y el resultado es una tabla como la que se muestra más abajo (quienes quieran leer la propuesta completa pueden visitar este enlace en Wikipedia en inglés):

Dios existe (Dios) Dios no existe (¬Dios)
Creer en Dios (Creer) + ∞ (CIELO) – N (NADA)
No creer en Dios (¬Creer) − N (NO-CIELO: LIMBO, PURGATORIO, NADA)− ∞ (NO-CIELO: INFIERNO) + N (NADA)

En resumen, lo que plantea Pascal es lo siguiente: supón que ante la hipótesis planteada debes apostar tu eternidad. Si apuestas a la existencia de Dios y como resultado a esto te comprometes con servirle en el presente en espera de Sus divinas y eternas recompensas, dos resultados son posibles: si Dios no existe, entonces no tendrás la recompensa que esperas y tu eternidad se convierte en algo vacío, pues la eternidad emana de Dios y si no hay Dios, no hay eternidad; por el contrario, si Dios existe entonces recibes los galardones que ofrece como recompensa a tu fe y a tu espera. En ambos casos, la inversión de tu apuesta ha sido vivir de la manera más correcta en el presente, absteniéndote de aquellas cosas desagradables a Dios, y sufriendo por tu deseo de no abandonar alguna de esas cosas que sabes son desaprobadas por Dios, pero que son objeto de tu deseo. Por otro lado, si tu apuesta es a la no existencia de Dios, entonces no hay razones para preocuparse por una inversión de sacrificios ni esfuerzos en el presente. Vives como te place, no te abstienes de nada. De igual manera que en la otra apuesta, dos resultados son posibles: Dios no existe, y con esa ausencia de Dios también se va la necesidad de una eternidad. Simplemente desapareces, ya no eres más. Pero el otro resultado posible es que Dios exista, y que sus reclamos de obediencia te alcancen en la eternidad, y que sufras pena de castigo eterno. ¿Qué apostarías tú? Evidentemente, en la reflexión de Pascal, la apuesta más segura es la de creer en Dios y obedecerle en el presente, pues no hay nada que perder realmente en dicha inversión: una vida de probidad moral, de perseguir los más altos ideales simplemente ennoblece, y al final como resultado te llevas la eterna herencia de gozo, quietud y paz que ofrece ese Dios de las Escrituras cristianas.

Argumentos como este y otros tantos (como el argumento kalam, el argumento ontológico, el argumento teleológico, entre otros) han sido esgrimidos durante años en procura de probar la existencia de Dios, pero no fueron suficientes para convencer una sociedad cada vez más secularista. Mientras Nietzche afirmaba la principal máxima del secularismo: “Dios ha muerto” (la frase completa es “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros le hemos matado”), el astrónomo Carl Sagan resume las ideas de Baruch Espinoza y Albert Einstein al afirmar que “Dios es las leyes que rigen el universo” (los interesados en más detalles pueden encontrar la conferencia de Sagan “La Hipótesis de Dios”, dictada en 1985, en scribd.com). Con ambas afirmaciones al final se concluye en que Dios no puede ser el modelo para juzgar ni establecer la base de la conducta y la moral, pues ha muerto, y por lo tanto no tenemos que prestar respeto ni atención a ninguna otra cosa que no fuere la naturaleza.

El post se alarga, pues mi pensamientos en relación a este asunto son muchos… Es tiempo de parar, luego continuamos.

Vladimir Aquino Gatón


Juan Pablo Duarte – El Juramento Trinitario

Juramento Trinitario

Los Trinitarios

Los Trinitarios (fuente Wikipedia.org)

En el nombre de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente: juro y prometo, por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano e implantar una república libre, soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana; la cual tendrá su pabellón tricolor en cuartos, encarnados y azules, atravesados con una cruz blanca. Mientras tanto seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales:

Dios, Patria y Libertad. 

Asi lo prometo ante Dios y el mundo. Si tal hago, Dios me proteja: y de no, me lo tome en cuenta, y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición si los vendo

BBC Mundo – Noticias – El soldado que se ocultó en la selva durante 30 años

El soldado japonés Shoichi Yokoi, en 1941 y 1972

El soldado japonés Shoichi Yokoi, en 1941 y 1972

Hace cuarenta años, el soldado japonés Shoichi Yokoi fue encontrado en las selvas de Guam, después de sobrevivir durante tres décadas tras el término de la Segunda Guerra Mundial. Japón lo recibió con los brazos abiertos, pero él nunca volvió a sentirse cómodo en la sociedad moderna.

Pero, incluso cuando fue descubierto por cazadores del lugar en la isla del Pacífico, el 24 de enero de 1972, el ex soldado, de 57 años, aún estaba convencido de que su vida corría peligro.

“Lo invadió el pánico”, recuerda su sobrino, Omi Hatashin.

Intimidado por la vista de otros seres humanos después de tantos años de soledad, Yokoi trató de echarle mano a uno de los rifles de los cazadores.

Sin embargo, debilitado por largos años con una pobre alimentación, Yokoi fue fácilmente reducido por los hombres.

“Temía que lo hicieran prisionero, lo que era la gran vergüenza para un soldado japonés y su familia en Japón,” dice Hatashin.

Mientras se lo llevaban a través de la alta vegetación de la selva, Yokoi iba gritando que lo mataran ahí mismo.

Utilizando las propias memorias de Yokoi, publicadas en japonés dos años después de que lo descubrieran, así como el testimonio de quienes lo encontraron ese día, Hatashin pasó años reconstruyendo las dramática historia de su tío.

Su libro, La vida y la guerra de Yokoi en Guam, 1944-1972, fue publicado en inglés en 2009.

Refugio subterráneo

La larga pesadilla de Yokoi había comenzado en julio de 1944, cuando las fuerzas armadas estadounidenses tomaron Guam como parte de su ofensiva contra los japoneses en el Pacífico.

Los combates fueron intensos, con un alto número de víctimas en ambos lados.

Una vez que se interrumpió la línea de mando japonesa, Yokoi, y otros de su pelotón, quedaron librados a su propia iniciativa.

“Desde el comienzo, tomaron medidas extremas para que no los detectaran, hasta borraban sus huellas mientras se desplazaban por la maleza,” afirma Hatashin.

Trampa hecha de juncos

Una de las trampas que Yokoi utilizaba para cazar anguilas.

En los primeros años, los soldados japoneses, pronto reducidos a unos seis o siete, capturaban y mataban ganado para alimentarse.

Por temor a que los detectaran las patrullas estadounidenses, al principio, y, después, los cazadores del lugar, poco a poco se fueron retirando hacia la profundidas de la selva.

Comían sapos venenosos, anguilas de río y ratas.

Yokoi fabricó una trampa con juncos para cazar anguilas. También se cavó un refugio subterráneo, sostenido por fuertes cañas de bambú.

“Era un hombre de muchos recursos,” dice Hatashin.

El hecho de mantenerse ocupado le ayudaba también a no pensar demasiado en su situación desmedrada o en su familia en Japón.”

Regreso a Guam

Las memorias de Yokoi en lo que se refiere a su tiempo escondido revelan su desesperación y su empeño por no perder la esperanza, especialmente en los últimos ocho años, cuando se había quedado totalmente solo.

Sus últimos dos compañeros de aventura no habían conseguido sobrevivir a las inundaciones de 1964.

En algún momento, al pensar en su anciana madre en Japón, escribe: “No tenía sentido causarme tanto dolor pensando en esas cosas.”

Yokoi y su telar

Yokoi demuestra el uso del telar que se construyó en la selva.

Y, a propósito de otra ocasión, cuando se encontraba desesperadamente enfermo en la jungla, dice:”No! No puedo morir aquí! No puedo dejarle mi cadáver al enemigo. Debo morir en el agujero que me he cavado.

“Hasta ahora he logrado sobrevivir, pero todo se vuelve nada ahora.”

Dos semanas después de su rescate en la selva, Yokoi volvió a casa, a una recepción de héroe.

La prensa lo asediaba, lo entrevistaron en radio y televisión y era invitado regularmente a hablar en universidades y escuelas de todo el país.

Hatashin, que tenía seis años cuando Yokoi se casó con su tía, dice que el ex soldado nunca pudo acostumbrarse a la vida moderna de Japón.

El enorme progreso económico de su país, tras la guerra, no le causaba ninguna impresión y, una vez, al ver un billete de 10.000 yenes, dijo que la moneda había perdido todo su valor.

Según Hatashin, su tío entró en un proceso progresivo de nostalgia a medida que envejecía y, antes de su muerte, en 1997, regresó a Guam en varias oportunidades con su esposa.

Algunas de sus principales posesiones de aquellos años en la selva, incluyendo sus trampas para anguilas, todavía se hallan en exposición en un pequeño museo de la isla.

Fuente

Las sociedades se parecen a sus “dioses” – primera parte

Al observar el desarrollo de la religión en sus diferentes formas, desde los primitivos dioses tribales, familiares o personales, pasando por los sofisticados dioses de la mitología griega y las diferentes manifestaciones espirituales de sistemas como el budismo, el taoísmo o el confucionismo, hasta llegar a las expresiones de fe contemporáneas, siempre la creencia de la sociedad acerca de lo divino a marcado pauta para establecer los más altos estándares de vida piadosa y de moral.

Los "filodioses" orientales

El concepto de la divinidad en cada sociedad se convierte en el estándar más alto, por lo que la idea de agradar o satisfacer a esa divinidad mueve a los individuos a adoptar una forma de vida, un sistema de creencias e ideas, que procuran agenciarle la benevolencia de dicha divinidad. Esto es así desde el animismo hasta el secularismo, y no es menos cierto entre los que profesamos alguna forma de teísmo.

Después de siglos de lucha en procura de erradicar el concepto de Dios, la sociedad occidental ha cambiado su enfoque: abrumada por cada vez más abundantes evidencias de que el equilibrio en el universo para dar vida a un insignificante planeta como el nuestro no puede ser consecuencia del azar, hoy acepta y aupa la espiritualidad como de cierto valor, y sus efectos como beneficiosos. Sin embargo, este regreso a la espiritualidad en occidente se ha hecho sobre las bases del secularismo más puro, por lo que los nuevos (y a la vez viejos) conceptos espirituales y sus esfuerzos tienen hoy al hombre y la naturaleza como el centro mismo de todo sistema espiritual.

Debido a lo anterior, el hombre no ha procurado encontrar en Dios respuesta al porqué de su existencia, más bien a definido a Dios en función de sus propias limitaciones y necesidades, y de cómo este Dios puede ayudarle a satisfacerlas. Dios ha pasado de ser Señor a ser siervo, recadero de los hombres.

El efecto ha sido devastador. Si bien es cierto hemos logrado avances significativos en salud, tecnología, comunicación y otras ramas de la ciencia y procuramos con ello mejorar nuestra calidad y expectativa de vida, la espiritualidad centrada en el hombre ha provocado crisis, violencia, desilusión, frustración y desesperanza. Es triste leer de los actos cada vez más descontrolados que realiza el ser humano bajo el pretexto de que defiende sus ideas o persigue lograr sus sueños. Países inventan mentiras para iniciar guerras con otros países tan sólo por los recursos que puede obtener el primero avasallando al segundo; grupos étnicos tratan de borrar de la faz de la Tierra a cualquier otra etnia rival (sea esto por raza, costumbres o por creencias religiosas); el vándalo y atracador arrastra a la mujer indefensa que sea aferra a su cartera procurando evitar perder de los pocos recursos con los que cuenta; el hombre le arranca la vida a la mujer en defensa de su “honor mancillado”. La lista no tiene fin. Cada uno encuentra en su pensamiento auto-centrado razones válidas para hacer como le place, pues el Estado (que viene a ser el divino rector) es tan corrupto y violento como el individuo mismo e incluso más.

Si continuara el hombre siendo el centro de lo divino, lo que nos espera no es más que el caos y la anarquía.

Vladimir Aquino Gatón

“… para satisfacer y superar los requisitos de nuestros clientes”

No sé cuantas veces he leído la frase anterior (o una similar) en las declaraciones de propósito (visión, misión, política de calidad) de diferentes instituciones y siempre he cuestionado el significado de esta expresión. ¿Cuáles son las expectativas del cliente que podemos y/o queremos superar? ¿Es eso posible realmente?

No es desconocido para nadie la definición más simple de Calidad: grado de satisfacción de las necesidades del cliente. John Guaspari no pudo expresarlo mejor en su libro “Erase una vez una fábrica, una fábula sobre la calidad”, aun aquellos que no saben los detalles técnicos de un producto o servicio al adquirirlo, reconocen la Calidad cuando la ven. Como clientes que somos todos estamos familiarizados con el concepto, pero también con las características principales que nos hacen reconocer la calidad en un artículo: funcionalidad, precio, y belleza, muy probablemente en ese mismo orden.

Cliente Satisfecho

"La reconozco cuando la veo"

Ahora traduzcamos esto a términos empresariales: en nuestras organizaciones, nuestros clientes esperan que cumplamos sus requerimientos en cuanto a funcionalidad (propósito), costo y apariencia (cosmético). Cualquier cambio en el balance de esta ecuación afecta el resultado que se espera: un cliente satisfecho.

No es posible entonces “superar” los requerimientos o expectativas de nuestros clientes, a menos que no hablemos de costos simplemente. No podemos, no tenemos la autoridad para modificar los requerimientos del cliente. Cualquier cambio, aun aquellos que puedan impactar el costo (nuevo material, nuevas máquinas, etc.) deben ser aprobados por el cliente, por lo tanto esto no es superar el requisito, es cambiar uno por otro. Recientemente un estudiante me presentó otro caso: “¿Qué tal si el cliente espera que le entregue una orden en una fecha y yo se la entrego mucho antes?”, a lo que le respondí con una caso vivido por mi recientemente, cuando un cliente decidió levantar una solicitud de acción correctiva precisamente porque entregamos una orden UNA SEMANA ANTES. En el siglo 21, los conceptos de Justo a Tiempo (como parte de la Manufactura Esbelta, o Lean Manufacturing) nos indican que los clientes no quieren más producto más pronto, quieren lo que ordenaron a tiempo.

¿Porqué insistir en esto? Es que cuando pensamos que podemos sobrepasar las expectativas del cliente literalmente, nos enfocamos mal. Sacamos al cliente del proceso de cambio y lo hacemos parte tan sólo del resultado, sin darnos cuenta que esto pudiera ser una lotería, puedo o no decidir aprobar los cambios. Sin embargo, cuando nuestros clientes se transforman en asociados, y son parte de nuestro Sistema de Gestión de Calidad, entonces ellos son parte integral del proceso de cambio. De esta forma, ya no hay más posibilidad de criticar al cliente por “rechazar lo que nos ha costado tanto esfuerzo”. Ya nadie siente tener la autoridad para cambiar las cosas sin antes contar con la debida aprobación del cliente. Todos podemos sugerir y ser parte del cambio, pero alguien debe tener la autoridad de decidir. Ese es el cliente.

PARÁBOLA DE LAS FLEXIONES DE PECHO

UN MENSAJE A LA CONCIENCIA – PARÁBOLA DE LAS FLEXIONES DE PECHO
Carlos Rey

Carlos Rey

por Carlos Rey

Esteban era el alumno más fornido de la clase de religión del profesor Pérez. Un día el profesor le pidió que se quedara un rato después de la clase, y le preguntó:

—¿Cuántas flexiones de pecho puedes hacer?

—¿Flexiones de pecho?

—Sí, también se conocen como planchas y lagartijas.

—¡Ah! Puedo hacer sesenta —le contestó Esteban.

—¿Sesenta? ¡Muy bien, Esteban! —lo felicitó el profesor—. ¿Crees que podrías hacer ciento veinte?

—No sé —respondió Esteban—; nunca he hecho ciento veinte seguidas.

—¿Qué tal si las haces en series de cinco? Para que mi plan dé resultado, necesito que este viernes hagas ciento veinte en series de cinco. ¿Crees que puedes hacerlo?

¿Cuántas flexiones de pecho puedes hacer?

"¿Cuántas flexiones de pecho puedes hacer?"

—Bueno, creo que sí. Por lo menos puedo intentarlo.

Y así quedaron. Ese viernes al comienzo de la clase el profesor Pérez sacó una caja llena de las galletas predilectas de todos.

El profesor se acercó a la primera niña en la primera fila y le preguntó:

—María, ¿quieres una galleta?

María respondió:

—Sí, gracias.

—Entonces el profesor se volvió a Esteban y le preguntó:

—Esteban, ¿puedes hacer cinco flexiones de pecho para que María reciba una galleta?

—Claro —dijo Esteban—, y comenzó a hacer cinco flexiones.

Tan pronto como Esteban terminó de hacerlas, el profesor puso una galleta sobre el pupitre de María. De ahí pasó a José, el próximo alumno, y le preguntó:

—José, ¿quieres una galleta?

Cuando José le dijo que sí, el profesor le pidió a Esteban que hiciera otras cinco flexiones, Esteban las hizo, y José también recibió su galleta.

Así procedieron hasta que terminaron la primera fila. Esteban hizo cinco flexiones por persona para que cada una pudiera recibir su galleta. En la segunda fila llegaron a Pedro, el capitán del equipo de fútbol. Cuando el profesor le preguntó si quería una galleta, Pedro respondió:

—¿Acaso no puedo hacer las flexiones yo mismo?

—No, las tiene que hacer Esteban —le contestó el profesor.

—Entonces yo no quiero una galleta —replicó Pedro.

No obstante, el profesor le pidió a Esteban que hiciera cinco flexiones de pecho para que Pedro recibiera la galleta que no quería, y le dijo a Pedro que si no quería la galleta, que la dejara encima del pupitre.

Al ver que Esteban sudaba y que ya no volvía a levantarse entre series porque le exigía demasiado esfuerzo, los alumnos de la tercera fila dijeron uno tras otro que no querían la galleta. Sin embargo, cada vez que Esteban hacía otras cinco flexiones, el profesor ponía una galleta en el siguiente pupitre.

Al final de la cuarta fila, los brazos de Esteban le temblaban con cada flexión, y gotas de sudor le corrían por el rostro, así como las lágrimas de los alumnos que lo observaban. Cuando terminó de hacer la última flexión, consciente de que había logrado hacer todas las flexiones necesarias, sintió que se le desplomaron los brazos y cayó de bruces contra el piso.

El profesor Pérez dijo entonces:

—Fue así como nuestro Salvador Jesucristo exclamó con fuerza: «¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!»Y consciente de que había hecho todo lo necesario para pagar el precio de nuestra salvación, se desplomó en la cruz y murió, aun por los que no querían aceptar esa salvación.

Daily Drucker- April 15: Decisiones Acerca de la Gente

Decisiones Acerca de la Gente

Ninguna organización es mejor que la gente que la compone

Las decisiones acerca de la gente son el útimo – quizás el único – control de una organización. La gente contratada es la determina la capacidad de desempeño de su organización. Ninguna organización es mejor que la gente que la compone. El rendimiento del recurso humano realmente determina el desempeño de la organización. Y esto es así basado en las decisiones simples que toma acerca de la gente: a quién contratamos y a quién despedimos, dónde colocamos a las personas, y a cuáles promovemos. La calidad de estas decisiones humanas determina grandemente si la organización es manejada correctamente, si su misión, sus valores y sus objetivos son reales y significativos para la gente, no tan sólo relaciones públicas y retórica.

Cualquier ejecutivo que parte del supuesto de creer que él o ella es bueno juzgando a las personas habrá de terminar tomando las peores decisiones. Ser bueno juzgando a las personas no es un poder dado a los simples mortales. Aquellos que se destacan en este campo suelen reconocer de primero: que no son jueces de personas.

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Ellos inician con el compromiso de diagnosticar procesos. Los educadores médicos dicen que el problema más grave es el de el joven doctor que tiene buen ojo para diagnosticar, pues él necesita aprender a no depender en esto tan sólo, pero más bien a analizar a sus pacientes mediante el proceso diagnóstico; de otra manera muchos de sus pacientes morirán. De la misma manera, un ejecutivo también debe aprender a no depender de su intuición y conocimiento de la gente pero más bien unir a esto el mundano, aburrido y concienzudo proceso paso-a-paso.

Punto de Acción: No contrates a las personas sobre la base de tus instintos. Ten más bien un proceso para investigar y probar a fondo a los solicitantes.
Managing the Non-Profit Organization, de Peter Drucker (traducción y adaptación personal)