El Joven Cristiano en el Siglo XXI

Conferencia “El Joven Cristiano en el S. XXI”

El pasado sábado 4 de Agosto tuve la oportunidad de compartir con los jóvenes de algunas iglesias de San Pedro de Macorís este tema, “El Joven Cristiano en el Siglo XXI”. Para conocer lo retos que enfrenta la juventud de este siglo, primero debemos conocer un poco más de este siglo y sus valores, es por eso que empezamos hablando del principal valor que caracteriza la diferencia entre esta época y las anteriores: el conocimiento.

Citando a Alvin Toffler en su excelente libro “La Tercera Ola”, en la sociedad post capitalista:

“Un analfabeto será aquel que no sepa dónde ir a buscar la información que requiere en un momento dado para resolver una problemática concreta. La persona formada no lo será a base de conocimientos inamovibles que posea en su mente, sino en función de sus capacidades para conocer lo que precise en cada momento”

“La Tercera Ola”, de Alvin Toffler

El problema de nuestra sociedad y, por ende, de nuestra juventud es el conocimiento.  El pasado año nuestro país vio nacer (y morir a mi parecer) la primera revolución pacífica y con propósito correcto: los reclamos de la sociedad por una inversión constitucional en educación (el gobierno y los medios confundieron esto con más inversión en educación y no pasó de ahí) fueron una señal inequívoca de que finalmente en nuestro país algunas conciencias han despertado, y que nuestros jóvenes necesitan antes que cualquier cosa (incluso antes que una botella en el gobierno, o que 500 pesos por una cédula) oportunidades reales de crecimiento y esto se logra tan sólo invirtiendo adecuadamente en la educación.

Sin embargo, mi consejo a los jóvenes no se relacionó con este asunto simplemente. “Estudiar más, estar en mejores condiciones para competir” son realidades para alcanzar logros materiales y hasta emocionales. Lo que esperaban estos jóvenes era más bien consejos sobre logros más importantes y duraderos: los logros espirituales.

En ese sentido, no creo que Toffler estuviera lejos de la realidad al considerar la importancia del conocimiento. Creo firmemente que, desde el principio, el problema es el conocimiento:

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2.15-17; RV60)

Cuando Dios hizo al hombre en el principio y sopló en su nariz aliento de vida le infundió características especiales que le confirieron la autoridad sobre la Tierra y sus criaturas, siendo una de ellas justamente el conocimiento. El hombre no tan sólo reacciona, puede conocer su medio ambiente, aprender de sus experiencias, relacionar ideas y conocimientos de otros, y todo esto con la finalidad de tomar decisiones que entiende en su contexto son las mejores. Pero hay algo mucho más importante en todo esto: Dios le confirió al hombre del conocimiento que necesitaba para vivir y aprovechar la bendición de una relación estrecha e íntima con el Creador. Pudiéramos resumir este conocimiento en tres verdades fundamentales:

  1. El hombre es un ser creado por el Soberano Dios
  2. El hombre es un ser sujeto al Soberano Dios
  3. El hombre es un ser dependiente del Soberano Dios

Tan sólo puedo imaginar lo que pensaría Adán cuando abrió sus ojos por primera vez. Su ser estaba íntimamente ligado a Dios y sus ojos le vieron en el mismo instante en que cobraba vida (vs. Génesis 2.7). Entonces entendió una verdad que los hombres de hoy han olvidado: “creados por el Dios Soberano como somos, debemos entonces estar vinculados a El siempre”. Este vínculo no es un simple “creo en que Dios existe”. Cuando Adán vio a Dios entendió que ese Soberano Dios era Todopoderoso, que nada en la Tierra escapaba al deseo de Su Voluntad, y eso le incluía a él mismo, el pináculo de la creación.

Adán y Eva en el Edén, de Bassano Jacopo

Entender esto llevó a Adán a conocer la segunda verdad: “mi éxito esta garantizado a mi sujeción a ese Dios Soberano”. Adán recibió varias instrucciones directas del Señor: labrar y cuidar el huerto (Génesis 2.15), nombrar a los animales (2.19) y la más importante: no comer del “árbol de la ciencia del bien y del mal”  (2.16, 17), y mientras estuvo sujeto al Señor en obediencia todo marchó perfectamente, nada le faltó, y cada necesidad suya fue suplida por el Soberano Dios que le creó, incluyendo la necesidad de compañía idónea (2.22-25). La tercera verdad fundamental se desprende de aquí entonces: “fui creado para que mi vida dependiese del Dios Soberano”. Por eso no fue difícil entender el mandamiento:  “No comerás” y el castigo a su violación: “ciertamente morirás”. Morir aquí no es simplemente en el aspecto físico. Morir es no disfrutar de la vida que hasta entonces llevaba, es decir: relación personal con el Soberano Dios, necesidades satisfechas, perfecta vida de familia; así lo expresa el Dr. José Rafael Dunker en su libro “La Psicología del Hombre Caído”, donde señala que la muerte consistió en conocer el temor, la vergüenza y la culpa. Desobedecer entonces traería como resultado el perder los privilegios que gozaba por la gracia del Soberano Dios.

Una vida que conoce estas verdades, y que las recibe y las hace con gozo, obtiene grandes beneficios. En el caso de Adán, entre tantos otros que pudiera señalar, quiero enumerar sólo estos pocos que me parecen afectan directamente a los jóvenes creyentes de este siglo; aquí una breve lista:

  • Adán logró ser un verdadero adorador: su obediencia a Dios es una muestra de que el conocimiento de las verdades fundamentales en la vida de Adán le convirtieron en un verdadero adorador, uno que junto a las emociones pone las acciones apropiadas, uno que adora “en espíritu y verdad” (Juan 4.22-24)
  • Adán logró ser un Líder-Siervo: habiendo recibido de Dios la autoridad sobre toda cosa creada en la Tierra, Adán no abusó de esta autoridad para beneficiarse a sí mismo a expensas de la creación. En lugar de esto, mantuvo una relación armoniosa con la misma, labrando y cuidando el huerto del cual se alimentaba.
  • Adán logró ser un trabajador eficaz: mientras muchos jóvenes de nuestro tiempo llegan tarde a sus empleos, no cumplen eficientemente sus asignaciones en los ministerios, o simplemente no les interesa nada a no ser su propio deleite, Adán invirtió tiempo y esfuerzo en completar las tareas que le eran asignadas (Génesis 2.19, 20)
  • Adán logró ser un amoroso y respetuoso compañero: mientras muchos se ocupan de usar a sus compañeros como objetos, Adán amó a Eva, le cuidó e hizo de ella la única.

Con todo certeza podemos afirmar que si esa primera pareja de la humanidad hubiese retenido el valor del conocimiento de las tres verdades fundamentales, este artículo no hubiese sido necesario. Pero no fue así. El hombre, convencido de que podría adquirir más poder (pues el conocimiento tiene la virtud de dar poder) aceptaron la oferta del Tentador: conocer lo que Dios conoce y así ser como Dios, el Creador. Creía, imagino, el hombre que no habría otra autoridad sobre sí más que la que dictara su propia voluntad, trayendo esto el caos y la desventura. Hoy los hombres todavía juzgan según sus decisiones, criterios, experiencias, pero no según Dios.

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3.4, 5)

Somos una sociedad de ignorantes e iletrados espirituales, soberbios y altivos, irresponsables y ególatras, desconfiados y abusadores, que miden la información y la inteligencia, pero no el conocimiento” Vladimir Aquino

Pero que gozo es saber que hay para nosotros alternativa. Los jóvenes del Siglo XXI pueden marcar la diferencia recuperando, atesorando y viviendo conforme a las tres verdades fundamentales ya mencionadas. Pablo lo explica de esta manera:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12.1, 2

Es decir:

  • Deja de cantar y adora! Es tiempo ya de que recuperemos la cordura. Cantar, danzar, dramatizar, todas son expresiones hermosas pero la adoración es más que eso: es darte a ti mismo en “sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”. No te perteneces, le perteneces al Soberano Dios.
  • Deja de querer encajar y destácate! Mientras prefieras adaptarte y ser como los demás no disfrutarás a plenitud de la vida cristiana. El llamado de Pablo es a que no tomemos la forma de esta época, pero muchos de nosotros estamos afanados con ser cada vez más similares al sistema. Pero tú puedes ser diferente!
  • Deja de ser tú y transfórmate! Tú tienes la mente de Cristo! Renueva tu entendimiento de la vida, del sistema, de la época por medio del conocimiento de Dios y de su eterna verdad. Cambia, pero no para ser igual a los demás, cambia para ser igual a Cristo!

Dios te bendice siempre.

Vladimir

Un pensamiento en “El Joven Cristiano en el Siglo XXI

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